miércoles, 10 de febrero de 2016

                                                  

“La prohibición de permitir el ingreso a extraños a la casa era absoluta. Rosa lo sabía, por supuesto (se lo habían dicho dos veces, las dos mirándola fijo), pero estaba tan enamorada de María que dejarlo entrar a la cocina le pareció una violación menor. De todos modos, se cuidaba: montaba un verdadero operativo de disimulo frente a los vecinos; a veces se entretenía conversando con María en la reja de la entrada de servicio un buen rato antes de hacerlo pasar, cuando estaba segura de que nadie los había visto; a veces salía a recibirlo con un rastrillo en la mano, como si María fuera el jardinero… Una vez adentro, comían, hacían el amor (siempre en la cocina) y miraban televisión en un pequeño cuarto que Rosa traía de su cuarto y ponía sobre la mesada.
   La primera vez que María entró a la mansión se sorprendió con las dimensiones del lugar.
-¿Todo esto es la cocina? –dijo-.  ¡Es más grande que mi casa…!”

Sergio Bizzio
Rabia
Interzona editora
192 páginas
2005

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