martes, 19 de febrero de 2013

UNA REVOLUCIÓN FROTADA



Tribadismo significa "ella que roza": dos mujeres que unen su territorio de piel, pechos sobre pechos, vulva con vulva, y se funden en un viaje de frotamiento, estimulando los clítoris para que la sangre acumulada los convierta en pequeños botones de placer, sin parar hasta el divino orgasmo.

En el fanzine Tribadismo: el arte del frotamiento, Valeria Flores indaga la historia de la sexualidad lesbiana y explica cómo el frotamiento puede ser un arma política, al mover el tablero de poder que tiene el pene y jugar al placer con otra ficha -con otra técnica, en verdad-, el frote.

La tesis biopolítica del tribadismo, según Flores, sería que " comprender la proliferación de los placeres y la difusión de una economía no falocéntrica afecta al sistema heteropatriarcal, el que está íntimamente ligado al capitalismo, cuya base controlada es la familia tradicional. El lesbianismo ataca esa base económica y además desestabiliza el control demográfico, base de sus previsiones sociales".

En la lógica semiótica del discurso, aquello que no remite a un signo no existe o bien se procesa en relación de aquello que sí. Aplicado a la sexualidad femenina, hasta el siglo XVI no hubo una palabra que definiera las prácticas entre mujeres, y fue recién hacia el XIX que el uso de lesbiana se volvió corriente,no aún como un tipo de personalidad, sino refiriendo a ciertos actos masturbatorios o considerados impuros.

Dando palabras al lesbianismo, intentando ir "contra esa esfera de silencio y secretos" que envolvió a las amadas amantes, Valeria Flores -activista lesbofeminista de Las Fugitivas, de la provincia de Neuquén- escribió sobre el arte del tribadismo, considerando más allá del principio del placer, un arma política particular, sexual: una revolución frotada.

Difusión Herética
Ediciones lesbofeministas independientes
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