lunes, 26 de marzo de 2012

REALISMO ZOMBI




Mechi siente que tiene una vida simple y en su microcosmos cada cosa funciona como debe, porque sus días están rotulados como los archivos que acomoda en el Centro de Gestión y Participación de Parque Chacabuco, hasta que un día Vanadis.
Vanadis como imagen de diosa egipcia de 14 años que desaparece de su casa.
Vanadis que llega en forma de expediente al archivo de chicos desaparecidos de Mechi.
Vanadis que vendía su sexo y participaba de videos porno caseros.

Los japoneses creen que después de morir, las almas va a un lugar que tiene, digamos, un cupo imitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. 

Ahí donde las cosas parecen fluir en un orden natural, donde los muertos siguen muertos y los vivos como Mechi trabajan en oficinas o hacen cualquier cosa para sobrevivir, la realidad tiene un quiebre. Los desaparecidos del archivo de Parque Chacabuco pasan a ser los "Chicos que vuelven", y como una orden espectral se juntan en los parques, no comen, no toman y tienen un cuerpo que no cambia, como si el tiempo no los afectara.

Lo que preocupa a Mechi no es tanto lo sobrenatural de los muertos vivos que aparecen en los parques, sino la habilidad de toda una ciudad para sostener una omisión:  "Quería que alguien empezara a gritar por televisión, que aullara, que dijera "esto es más raro que la mierda, quiénes son estos chicos, quiénes son". Pero nadie grita, todos están unidos con un pacto de silencio en una Buenos Aires que no reconoce aquello que no puede entender, que por falta de explicaciones se convertirá en un territorio zombi.

Chicos que vuelven
De Mariana Enríquez
Por Eduvim
En 70 páginas
En 2010

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