lunes, 21 de noviembre de 2011

LA ACCIÓN ALMAS DE SÓTANO



La acción Almas de sótano fue pensada para correr de lugar al espectador y hacerlo participar del espíritu de las poesías. Un descenso a la profundidad del alma, a la oscuridad de los sótanos del Abasto, con seres luminosas y otros tantos "terrores de circo"Una intimidad inesperada para los que se acercaron a la presentación de un libro y se vieron bajando las escaleras a un sótano iluminado por unas pocas velas.

A las 23 fueron al sótano Gerardo Curiá, Clara Vasco y Matías Máximo y se quedaron abajo por unas dos horas. Al rato bajaron los grupos de a cuatro y después de escuchar unas poesías volvieron a  la superficie. Así hasta que descendieron todos.




















Todos los participantes de la acción anotaron su nombre en un papel que al final, junto con el libro que se leyó esa noche, fue incendiado: la máxima conexión del fuego. A su vez, la oportunidad de desprenderse de toda la oscuridad de las páginas para empezar una nueva escritura.




Una poesía de Almas de sótano




CONVERSACIÓN DE SÓTANO
                                                                                          
Yo no vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
pero encontré a hombres derretidos por el viento de la mañana
y mujeres de medias rajadas,
crudísimas por no encontrar las jeringas
que escondieron en el raid puertas adentro
de la noche anterior.

«La ansiedad es mi pueblo
siempre vuelvo y me revuelco en el charco en que nací:
donde un imperio de hormigas trabajaba entre los escombros
había una descocida bolsa de zanahorias,
con brazos y un corpiño, a la que llamábamos madre»

Al lado una vecina en silla de ruedas
nos tiraba con manzanas y otras frutas
para evitar la muerte por desolación.

«¡Y el hombre que caminaba por los techos!
¡Cuántos terrores de circo! »

Las noches llegaban sobre una luciérnaga tenebrosa
y el aullido del afilador retorcía el ventanal.

«¡Furia por esa sombra inquieta!»

Un chico al borde del ataque de nervios
una pupila grande que trepa el paredón cubierto de vidrios
y desangra y hace un charco siniestro y empieza otra vez.

«Escucho las agujas que lento lento y con fuego
se restan de la tejedora y caen al suelo superlimpio»

Y no pude ver las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura
era ciego, soy prófugo.




Aplausos:
Fotos por Boccardo y Vasco
Editorial La mariposa y la iguana
Bar La Comunidad del Cisne (Bulnes y Potosí)

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