lunes, 3 de octubre de 2011

LA EXPLOSIÓN DEL ARTE DE SER




En el libro Del Di Tella al "Tucumán Arde", Ana Longoni y Mariano Mestman trazan un recorrido por lo que fue un movimiento artístico de vanguardia muy parecido a una bomba de tiempo en continua explosión, donde el arte dejaba de estar colgada en las instituciones para salir a las calles a capturar a los espectadores-partícipes.
La potencia artística que se produjo en la Argentina no es un hecho aislado en el mundo que transcurría en 1968, donde el fervor del Mayo Francés había exportado consignas como "La política apesta" o "Seamos realistas, pidamos lo imposible", mientras la revuelta estudiantil  tomaba las calles parisinas. Si sumamos a esto el hecho de que a la dictadura de Onganía vigente entonces le caía mal todo tipo de manifestación popular, el resultado fue de esperar: artistas tras las rejas. Aunque la cárcel no sería un impedimento, sino muchas veces un punto de encuentro para planear las próximas actividades.
En este momento todo estaba puesto en duda: el rol del arte, el lugar del artísta, el lugar dónde exponer, la existencia de un espectador pasivo. Si bien los cambios culturales pueden leerse desde la perspectiva sociológica como una suma de hechos históricos, Longoni y Mestman eluden lo general para poner el fuego que prendió esta bomba artística en un punto crucial: las Experiencias Di Tella 1968.
Las Experiencias eran una serie de exposiciones organizadas por el Instituto Di Tella donde la vanguardia tenía un papel protagónico. La sala se llenaba por unos días de obras que para muchos concurrentes podían resultar burlescas, obsenas o de mal gusto, pero que conceptualmente captaban aquello que los artistas de vanguardia querían y que Roberto Jacoby sabe expresar en un fragmento del mensaje mural que expuso como instalación ese año: "El futuro del arte se liga no a la creación de obras sino a la definición de nuevos conceptos de vida; y el artista se convierte en el propagandista de esos conceptos. El "arte" no tiene ninguna importancia, es la vida la que cuenta".


Un recorrido por  Experiencias ´68
En la puerta de la sala los artistas Pablo Suárez y Eduardo Ruano entregan escritos en contra de la política cultural y la represión. (Pablo Suárez reparte volantes "en los que explica por qué no participa de la exposición en la que en realidad sí participa exponiéndose a sí mismo que reparte volantes explicativos de por qué no participa", según publicó la revista Confirmado.)
Al entrar una tela azul recorre la sala, luego cae soportando a más de 500 manzanas que se pueden tomar y comer y al final se encuentra una chica envuelta con la misma tela. Bajo un mural, Jacoby tiene conectado un teletipo del que salen cables con comunicados de prensa. Sobre una plataforma Oscar Bony expone a La familia obrera: Un hombre, una mujer y su hijo, durante ocho horas por día viviendo, sobre un cartel que dice "Luis Ricardo Rodríguez, matricero de profesión, percibe el doble de lo que gana en su oficio, por permanecer con su mujer y su hijo durante la muestra".
Después está "El poder de las llaves", de Jorge Carballa, un mecanismo que depende qué llave eligiese el espectador presentaba tres palomas semi-embalsamadas o un tachonado de cuentas de strass. Más allá una pareja imprime sus cuerpos pintados de azul sobre las superficies mientras el espectador escucha un vinilo que alterna gemidos y música relajante.
La Experiencia de Roberto Plate fueron dos cubículos que en la puerta mostraban carteles con siluetas iguales a las de los baños de hombres y mujeres, y por dentro estaban completamentamente vacios y en blanco.
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De forma imprevista, la obra de Plate generó una polémica que se desbandaría hasta  la clausura: como era un espacio cerrado, los visitantes se sintieron libres de dejar graffitis contra los militares, cosa que molestó a algún concurrente que hizo la denuncia y logró que la obra se cerrara.
Solidarizados con Plate, la mayoría de los artistas decidieron dejar de participar en un espacio donde se sentían censurados e hicieron de la indignación otra de las Experiencias, sacando sus exposiciones a la calle Florida y destruyéndolas en un acto de protesta artística colectiva.

La explosión: Tucumán Arde
La exposición Tucumán Arde puede leerse como la suma de una serie de expresiones que se venían dando en los referentes de la vanguardia en Argentina, allí donde "los límites del arte estaban siendo profundamente cuestionados y ampliados: la acción política es tomada como la más eficaz y legítima acción política", escriben Longoni y Mestman.
Tucumán Arde se llamó a sí misma una obra de arte informacional en respuesta al "Operativo Tucumán", que iniciado en 1966 consistía en una serie de medidas de promoción industrial y diversificación agraria, ante la crisis de la industria del azúcar. La campaña impulsada por el gobierno era respaldada a través de los medios de comunicación hegemónicos, que encubrían la verdadera crisis del pueblo tucumano sumándose a la mentira oficial de la dictadura de Onganía.
Después de una elaboración que incluyó a un equipo de sociólogos, fotógrafos, artistas plásticos y conceptuales y una campaña que cubrió las calles con afiches, la obra se presentó en la sede de la Central General de los Trabajadores de Rosario, lo que potenció su caracter combativo y anticonvencional al salir del circuito de arte establecido para una muestra.
Los días que estuvo en Rosario la exposición  tuvo un éxito inesperado, convocando a miles de personas que tuvieron que atravezar los nombres de los dueños de los ingenios azucareros que estaban escritos a la entrada. Los visitantes también pudieron tomar el café amargo que se repartía (por la crisis azucarera), mientras veían las gigantografías que estaban colgadas cuando la luz lo permitía, ya que cada un minuto un apagón en la sede de la CGT recordaba que un niño tucumano estaba muriendo. En su paso por Capital Federal la muestra no tuvo la misma suerte y solo duró un día, con amenazas y aprietes policiales de por medio.
Puede entenderse la importancia de Tucumán Arde teniendo en  cuenta que es una puesta que resume muchas de las búsquedas que las vanguardias argentinas de los  años 60 estaban explorando: el espectador como protagonista y partícipe, la obra al servicio de la revolución, el arte al alcance de todos, la provocación como herramienta y los cinco sentidos activos.
El libro Del Di Tella al Tucumán Arde transmite la pasión de un periodo de ideales intransigentes y sueños de revolución social. Escrito con la certeza de un documento y la amplitud de un trabajo de investigación que tiene en cuenta decenas de entrevistas y artículos, el libro de Longoni y Mestman es un excelente retrato de una época.








Del Di Tella al "Tucumán Arde" (2002)
De Ana Longoni y Mariano Mestman
Por Eudeba
En 485 páginas

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