lunes, 24 de octubre de 2011

ÁGUILA FELIPE

 
                                  

Hace más de quinientos años, cuando los españoles invadieron América y la sangre corrió por los valles hasta teñir de rojo los ríos, una tribu de los indios Comechingones se resistió a las imposiciones gritando un canto de guerra. Cuenta la leyenda, que estos nativos de la región central del país gritaban de una forma que aterrorizaba a los colonizadores: era el llamado al águila que llegaría cargando al elegido para hermanar los pueblos, que fue niña y fue Arabela.
Quizá la abuela de Liliana Felipe -nativa comechingón- haya transmitido esta historia y algo de ella llegó a su nieta, que es la encarnación viviente del mito, aunque está más cerca del águila que transporta el mensaje que de Arabela.
El águila Felipe es una enviada que tiene como arma su música, su manera energética de tocar el piano, la voz raspada de vida y una mirada de piedra verde arrancada a las raíces místicas de una montaña.
Las letras de sus canciones son claras, directas y algunas están furiosas. Ahí donde la métafora queda suspendida por un realismo que le nace en las entrañas, parece al mejor estilo punk estar escupiendo mientras canta. Lo hace con bronca y con denuncia, porque tiene razones para decir en reverenda primera persona que "los milicos son unos hijos de puta y muchos curas también".
En enero de 1976 Liliana tenía 24 años, hacía bastante que se lucía con el piano y tocaba con  un grupo que fue invitado a girar en Perú, por unos días: así salió de su Córdoba natal sin saber que el viaje pasajero se convertiría en un exilio. Después de recibir un llamado en el que le decían que con la dictadura las cosas estaban muy podridas y que no vuelva, que por favor no vuelva, de Perú fue a México y ahí se quedó. Al tiempo se enteró que su hermana Esther, de 28 años, había sido secuestrada junto a su marido apenas comenzó el golpe y estaba desaparecida. En 1983, después de años de incertidumbre, una mujer en España le contó que había estado secuestrada con su hermana y sabía que la habían asesinado a la semana de detenerla. Entonces murió una esperanza pero nació una incomodidad que retumbaría en sus versos irónicos:
Tienes que decidir cómo prefieres morir
de hambre natural
de asco terminal
de pago de predial
ahorcada con tu chal
debiendo un dineral
cruzando de ilegal.
EL aguila Felipe tiene garras hechas de composiciones y el amor que muestra por su esposa Jesusa la vuelve un ave guía para muchas mujeres; ya que este amor, aunque no se lo haya planteado, es otra forma de combate a lo establecido.
Jesusa Rodríguez -actriz y directora de teatro mexicana- está en pareja con Liliana desde 1980, unidas por el arte, el amor y, por qué no, sus locuras. Juntas realizaron varias presentaciones músico-teatrales y dirigieron por diez años el espacio teatral El hábito. (Lo de "teatro bar" es para conservar las formas, pero no se deje engañar. Esto es un cabaret. Dice la página web del lugar.)
En su visita de septiembre por la Argentina, Liliana se presentó en Buenos Aires y Córdoba llenando todas las funciones. Aunque tiene ganas de nacionalizarse mexicana para poder votar, se nota en la actualidad de sus letras que está siempre informada de la argentina, ejemplo es el tango dedicado a Ernestina, sos más engañosa que la cocaína /Buscarte en el pasado que llega mañana, / en la noche infinita bajo la Cruz del Sur. / Y hallarte entre los H.I.J.O.S. que te encuentran, / tan lejos y tan cerca, eternamente.
El aguila Felipe está dedidida lanzarse a fondo, en los sentimientos puede ser rabiosa pero se entrega, es pasional, las histéricas somos lo máximo canta acentuando la e con ira de bodevil, una mezcla de Ute Lemper y el fuego, Mala. Águila que sobre todo siente, se le nota, y verla da ganas de sentir.
Sentirlo todo de todas las maneras,
vivirlo todo en todos los sentidos,
ser lo mismo de todos los modos posibles al mismo,
 al mismo, al mismo, al mismo tiempo.



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