lunes, 26 de septiembre de 2011

HAZLO TÚ MISMO


Entrevista
La vida de un editor argentino independiente


Pablo Strucchi en el  puesto de El Asunto durante la 18 FLIA en capital




Pablo Strucchi estaba comiendo una pizza cuando se le ocurrió que con la caja de cartón podía armar un libro, así fue el nacimiento de El asunto, un sello independiente que, explica, "no es una editorial sino un emprendimiento cultural, un proyecto que da las herramientas a los autores para que hagan sus propias publicaciones". 
A diez años de esa noche (en los ratos en los que no trabaja en la construcción de edificios, "porque se puede ser poeta pero hay que alimentar a la familia"),  Strucchi está en la oficina de El asunto en el barrio porteño de Almagro, rodeado de una biblioteca con libros de edición independiente, una guillotina y una computadora. También hay cerveza, un cenicero que cada quince minutos engorda y dos gatos enormes en una silla que custodian la puerta mientras Strucchi explica de qué va El asunto: "El proyecto nació en 2001 por la iniciativa de un grupo de escritores que querían distribuir sus trabajos y no sabían cómo hacerlo de manera efectiva, porque cuando un autor llega a una librería con cinco libros te dan una patada. La unión hizo la fuerza, vendí el auto, compré una fotocopiadora y empecé a trabajar en la edición de libros, viendo que en general costaba mucho editar y con la fotocopiadora se solucionaban esos problemas, aunque empezaron los problemas de la fotocopiadora, que acá está, acá la podemos ver". (Pura ironía. Nadie puede ver la fotocopiadora porque se rompió hace unos meses y arreglarla cuesta más caro que mandar los libros a una imprenta.) 
Qué es El asunto, es algo que Strucchi tiene claro en su cabeza pero que a la hora de ponerle palabras la definición concreta se le escapa, es una maquinaria compleja que es y no es, por eso conviene enumerar para llegar al concepto:  "1) Es una asociación de escritores independientes. 2) No somos una editorial, porque tendríamos que ocuparnos de buscar los autores, poner el dinero para hacer los libros y distribuirlos en un circuito para el cual no tenemos la estructura. 3) Una herramienta para que cada uno haga su libro".
Volviendo al punto tres, un flashero puede estar fantaseando en comer pizzas hasta juntar el cartón suficiente para la primera tirada de su libro, maquinando con que la muzzarella funciona para la poesía o la novela, mientras la de espinaca sería ideal para una publicación vegana. Pero no, los consejos de El asunto son otros: "Nosotros te asesoramos, si por ejemplo querés hacer 500 ejemplares te decimos pará, ¿dónde los vas a vender? Mejor probar con 50 o 100 y hacer una reedición si es necesario, hacer una presentación. Si alguien viene a editar sin un peso nosotros le damos pautas para que lo edite en su computadora, si nos dice no sé nada de computación lo contactamos con un diagramador, si quiere una tipografía y tapa especial llamamos a un diseñador. A esos casos no los trabajamos como un paquete estilo "vas a tener tu libro pipí-cucú, con el isbn, bla, bla" ¡No! Ocupate vos del isbn y esas cosas, porque si lo hacemos todo nosotros vamos a ser los dueños de tu obra, y no es así".
La cuestión distributiva se solucionó de una manera simple y simpática, al estilo independiente: la cajita rodante Distribulla, un carrito que se puede encontrar en bares, centros culturales, librerías o donde sea que acepten ceder un espacio para esta caja con rueditas que porta títulos de Strucchi, Merluza, Rey Larva y la editorial Milena Cacerola, entre otros. Además, porque en el ámbito alternativo todo lo que se aprende se enseña, en la página de El asunto hay un video que explica cómo armar este medio de difusión con solo un metro cuadrado de madera y un poco de pegamento.
Post crisis 2001 y sumado al acceso masivo de medios reproducción digital de contenidos, paralelo al surgimiento de proyectos como El asunto y Milena Cacerola, aparecieron fenómenos como Eloísa Cartonera, quizá la cooperativa de ediciones más conocida del rubro independiente. Promovida por Washington Cucurto, Eloisa Cartonera es una editorial que fabrica las tapas de sus libros con cartones comprados a recolectores urbanos. En su catálogo se pueden conseguir tanto ediciones de César Aira, Alan Pauls o Mario Levrero como de autores desconocidos en el ámbito masivo, como por ejemplo los ganadores de un premio que impulsa Eloisa: El Sudaka Border.
La oficina de El asunto es el cuarto de un caserón con puertas altas y piso de madera, perteneciente a la Cooperativa de fotógrafos Sub (también independiente). Acá se gesta lo que por el momento es el modo de difundirse de unos pocos escritores, aunque quizá se transforme en un nuevo paradigma editorial que marque el fin del modo desmesurado de imprimir de los grandes sellos:  la era del autor.   


¿Cómo te vinculás con la FLIA (Feria del Libro Independiente y Autogestionada)?
Participo desde el comienzo, la fiesta de las editoriales alternativas se da en la FLIA. Me acuerdo de una tarde que llevaba libros para vender en la puerta de la feria del libro de Buenos Aires y vi a un grupo de personas con sus ediciones sobre un caballete y un cartel que decía: "Con los cinco pesos que va a pagar de entrada nosotros le vendemos un libro ¡No entre!”. Aunque con el tiempo la FLIA fue mutando y hoy en cada edición se pueden encontrar una serie interminable de productos alternativos, los libros y el intercambio es lo fundamental de los encuentros.


En algunos libros de El asunto se habla de Copyleft, ¿qué significa?
Que la obra circule lo más posible. No se trata de que el Copyleft se convierta en una institución como el Copyrigth, sino que sea un mensaje cultural en apoyo a la libre distribución. Un ejemplo sería la publicación que El asunto hizo en conjunto con otras editoriales de "La insurrección que viene", que es el manifiesto de El comité invisible: un grupo francés que da pautas de nuevas formas de combate al sistema capitalista y que causó tanta incomodidad en Europa que a los autores los enjuiciaron. También publicamos el Manifiesto errorista, un movimiento mundial multilingüe al que adherimos y que defiende los errores de impresión y los reivindica. Ese sería el espíritu del Copyleft: si hay algo bueno, que esté al alcance de todos.


¿Se puede vivir de la edición independiente?
Es totalmente posible, conozco montones de personas que quieren publicar y no encuentran quién los edite. En mi caso, ahora estoy trabajando de otra cosa porque tengo una familia y hay gastos que necesito cubrir con un ingreso seguro. Pero se puede vivir tranquilamente, es cuestión de laburar, de levantarte temprano y asumir la responsabilidad de ser tu propio jefe.  Es muy difícil hacer la edición y quedarse sentado esperando que ocurran las cosas. El que quiera vivir de manera alternativa al sistema de edición convencional quizá tenga que trabajar el doble, pero no es una meta imposible.




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