lunes, 29 de agosto de 2011

RELATO DE UN NAÚFRAGO

Un personaje al borde del colapso emocional anda por una ciudad decadente en Trampa de luz, primera novela de Matías Capelli.





El ser está arrojado a la existencia esperando que algo pase. No hay iniciativa. Mientras tanto, como algo que acontece en segundo plano, la vida, el amor, las cuentas que hay que pagar y el fastidio: así vive el protagonista de Trampa de luz, primera novela de Matías Capelli.
La situación transcurre en una ciudad (muy Buenos Aires) en la que los medios de comunicación repiten un doble crimen durante el asalto a un blindado, hay clima de verano en invierno y a la noche se corta la luz. Además, una tormenta puede resultar inundación porque “ráfagas de basura se arremolinan en medio de la avenida y el calor, a esta altura agobiante, vuelve palpable una podredumbre asfáltica con vapores de carbono, macerada las veinte horas que lleva la huelga de recolectores”.
En la ciudad todo parece cubierto por la decadencia, quizá una simbiosis con el estado de ánimo y la mirada del protagonista, un joven (treinta y pico) que entra a un museo para usar el baño, y de paso, mira algún cuadro.
Todo transcurre en un día: Aparece una ex novia, con un fajo de billetes para devolver la plata de unas vacaciones, y resulta que está feliz con su nueva vida y embarazada; se cumple un año de la muerte de su abuelo y se reencuentra con la parte millonaria de su familia, por la noche hay un encuentro violento con una amante, le sale una changa de pegatina de afiches políticos por el conurbano y termina enamorado en un prostíbulo.
El estilo de Capelli, al igual que en su anterior libro de relatos Frío en Alaska, es una prosa clara y directa en la que por momentos aparecen oraciones delicadas como pequeñas islas poéticas:
De la nada un libro cae al suelo, y mejor creer que fue el viento. No está como para andar preocupándose por cuestiones de fe o de salud mental. Si a fin de cuentas el alma está en otra parte, no en la cabeza, no en un extremo tocable, sino en la unión del miedo con la respiración.
Por qué el narrador en tercera persona no menciona el nombre del protagonista quizá sea una pregunta que lleva en sí la respuesta: una persona sin nombre puede ser cualquiera, así como la nada necesita del todo y el bien del mal. Miradas. Entre lo turbio una luz, un arcoiris, o “un efecto óptico causado por una rajadura en el vidrio o restos de ese polvo que las polillas tienen por sangre”.

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