lunes, 28 de febrero de 2011

Ciencia para todos


Un martillo puede usarse tanto para clavar como para romperle la cabeza a alguien, pero cualquiera diría que fue creado para clavar. Análoga, la Historia Oficial de la ciencia dice que ésta es creada siempre para bien, por lo que su mala aplicación no sería culpa suya. ¿Esto es real? ¿La ciencia va por un carril separado a la sociedad y no es responsable de sus usos?
En Ciencia incierta Mario Heler se opone a la Historia Oficial y argumenta desde varios ejes como la ética, las ciencias sociales y la tecnociencia (unidad e integración de ciencia y tecnología).
Heler nos aleja de la idea romántica del saber por el saber mismo que tuvo validez entre los griegos clásicos, y postula que ese tipo de conocimiento solo fue sustentable a través del esclavismo, que daba el tiempo necesario a los pensadores para abstraerse en sus ideas.
Hace algunos siglos, en especial después de la revolución industrial, la ciencia que no tiene utilidad práctica es desplazada por la que genera soluciones tanto para el confort como para el incremento de capitales.
En la actualidad es evidente que se investiga con más rigor aquello que es financiado y que los que financian rara vez lo hacen por amor al saber. ¿Cuántos cosméticos, alimentos, prendas o electrodomésticos se promocionan con el respaldo de lo científico, acompañados con un estudio de calidad? Desde una perspectiva materialista, lo científico es un capital más dentro del mercado.


Antes de Copérnico se sostenía que las estrellas y los cuerpos celestes giraban alrededor del planeta Tierra, como también en la Antigüedad se creía que el objeto aportaba todo lo que el sujeto podía conocer de él. La revolución copernicana desplazó al objeto del centro de estudio para poner al sujeto, y ese sujeto cartesiano nos dice que algo es todo lo que podemos conocer de él, y que lo no cognoscible no es.
Esta revolución influyó de lleno a la ciencia, que se quedó sin el respaldo del Orden Divino como garantía de verdad de sus estudios (o sea, cuando no se investigaban determinadas cuestiones porque se adjudicaban a Dios, al menos en la cultura occidental).
Sin ese respaldo extraterreno, el hombre tuvo que salir en busca de la Verdad por sus propios medios, creando con el tiempo toda una estructura del pensamiento científico basada en hipótesis, inducciones, deducciones y analogías, entre otras.

La ciencia moderna admite que no es posible una Verdad, y se mueve sobre paradigmas que sostienen verdades pasajeras que necesitan superarse. La ciencia por lo tanto es incierta y nos puede elevar o enterrar, dependiendo del uso que le demos. Podemos progresar en medicamentos o podemos subvencionar investigaciones que erradiquen enfermedades. Podemos crear robots pero no debemos olvidarnos de proyectar planes que acaben con el hambre y la pobreza. La ciencia actual no solo es cuestión de placer: es un asunto social, ético y político.


Ciencia incierta. La producción social del conocimiento
De Mario Heler
Por Biblos
En 138 páginas

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