lunes, 30 de agosto de 2010

"Lo que importa no es el qué, sino el cómo"

Ella es la irreverente. La que cuando escribe se encierra, no atiende el teléfono, no contesta mails y no se conforma con lo que está bien. Ella es la que lucha con lugar común para retorcer su mediocridad y sale vencedora cuando encuentra ese no lugar donde transcurren sus crónicas. Porque así como el abismo y la cima tienen más cosas en común que un pelo lacio y uno enrulado, el no lugar tiene más que ver con el todo que con lugar común.

       El que dice Santa Cruz, Argentina; posiblemente diga Patagonia, sur, petróleo, frío, lagos, montañas, ovejas, Kirchners. Si a Leila Guerriero le decimos Santa Cruz, Argentina; tal vez sin mover uno de sus majestuosos y expresivos cabellos negros nos conteste Las Heras, viento, suicidios.

       Los suicidas del fin del mundo es una crónica que tiene dos protagonistas  -el viento, el suicidio-, decenas de personajes secundarios -un infierno grande que incluye familias, burdeles, peluqueros gays, petroleros huelguistas- y una docena de extras (los suicidas).

      O bien la exacta inversión del párrafo anterior, porque a la hora de contar "lo importante no es el qué, sino el cómo".  Así escribió Leila en una nota publicada por la revista colombiana El Malpensante, de la que es colaboradora, y algo similar dijo Roberto Bolaño en una entrevista que le hicieron para un canal chileno: "Una novela que sólo se sostiene por el argumento, y por la forma lineal o no lineal de contarlo, está acabada desde hace muchísimos años, después de Sobre héroes y tumbas, después de La invención de Morel, no se puede escribir una novela así".

      En este momento podría hacer una descripción de ese libro de Guerriero
que la editorial Tusquets publicó en 2005, pero voy a arriesgar por las sensaciones que me causó. Leí trabajo, leí dedicación, leí el esfuerzo por algo diferente. Un libro altamente recomendable.
  
     Un chico con cruces tatuadas en los nudillos apareció detrás del mostrador. Me dio la bienvenida, las llaves, el control remoto del televisor y me preguntó si ya sabía.
-¿Qué cosa?
- Que en este pueblo pasan cosas raras. Es todo por culpa de los indios enterrados que andan por ahí. Hay muchos indios enterrados acá.
     Subí a a mi cuarto. Cerré la puerta. Encendí el televisor y no había nada. Sólo estática, una nube gris. El viento arrancaba las ventanas de su sitio, los dientes y las muelas.
     Qué fui a buscar ahí. No sé qué vi. Qué estaba buscando. 

Los suicidas del fin del mundo, Crónica de un pueblo patagónico (2005)
De Leila Guerriero
Por Tusquests
En 230 páginas
Foto Diego Sampere

2 comentarios:

  1. desolados parajes!!! Un periodismo que es casi literatura

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  2. Guerriero escribe con una fuerza tremenda, saludos Lidia

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