miércoles, 12 de mayo de 2010

Comodoro Rivadavia

La ciudad de los trabajadores erosionados
El desgaste físico y psicológico que produce la extracción de petróleo, se ve reflejado en el cuerpo de “los viejos”, como son llamados los trabajadores del oro negro en la cuenca del Golfo San Jorge, el principal punto de producción de hidrocarburos del país.

En los apretados peligros,
toda razón se atropella

Miguel de Cervantes Saavedra

No hay sangre. Se puede morir ahogado, sufrir calambres por hipotermia, respirar vapores cancerígenos, tener en la cabeza un dolor crónico o perderla por un cable que se corta. Pero la sangre no se ve, está camuflada por un líquido viscoso, prehistórico y negro llamado petróleo.
       “Los viejos”, como les apodan en el sur, son los trabajadores patagónicos del petróleo. El alias tiene una explicación científica: como tienen que exponerse a temperaturas que llegan a los 15 grados bajo cero, sus pieles lucen con un aspecto más curtido a lo normal: el frío mata las células, las células muertas son arrugas.
En el Golfo San Jorge (cuya extensión se divide entre las provincias de Chubut y Santa Cruz), la producción no puede detenerse, porque los tiempos tienen que ver con la urgencia para comenzar a facturar. Por eso es que se trabaja las 24 horas todos los días del año, ya sea en tierra o en mar.
       “Los peligros que tenés en la tierra, como el viento, el frío y las herramientas que cuando te golpean te quiebran; se potencian en las plataformas marinas. El viento sopla más, las tormentas son terribles y si te caes por un descuido estás muerto. Las tareas cuestan el doble, además, no ver a tu familia por tanto tiempo te saca las ganas de todo”, explica Dante Romero, que trabaja en el petróleo desde que trabaja (hace 21 años y tiene 37) y pasó por todas las áreas de producción.
       Quebrarse un hueso es un trámite lamentable al que todos los petroleros están expuestos, ya que el frío vuelve las reacciones lentas y una herramienta que cae puede resultar una fractura. Según Romero, “si te rompiste una pierna no te das cuenta hasta que terminás el turno, porque al estar medio congelado no distinguís los golpes. Lo jodido es cuando frenás, ahí se te vienen todos los dolores juntos y hasta deseas no haber parado”.
       La vestimenta indicada también puede resultar un riesgo, y una regla directa lo establece: más ropa, menos agilidad. “Cuando todo lo que te rodea es hierro, caer es lo peor que te puede pasar, porque las torres llegan a medir 50 metros. Si no podés moverte bien cuando estás allá arriba, es probable que caigas, pero si no te abrigás el frío te quema”, advierte por experiencia propia Raúl Clavero, empleado de Shell Capsa.

       Si hay un retrato de familia comodorense, son los Clavero. Raúl tiene 46 años y seis hermanos (cuatro se dedican al petróleo y una está casada con un petrolero). Es padre de dos hijos, una de nueve años y otro de 18 que trabaja en lo mismo: “Por más que Darío halla estudiado y sea técnico, tiene que adquirir cierta experiencia para llegar a ser encargado. Hace 26 años que trabajo de esto y empecé bien de abajo, porque mi papá era camionero”.
       Ser comodorense es de alguna forma estar predestinado al petróleo, y toda rutina trae sus consecuencias. En el libro Depresión y desarraigo en Comodoro Rivadavia, el psiquiatra y poeta Miguel Ángel de Boer, analiza los resultados de exponerse a una profesión que deja serias secuelas en el cuerpo y afecta, por lo tanto, el ánimo. Su diagnóstico no es alentador: en personas propensas, el esfuerzo físico y el paisaje desolado potencian los trastornos depresivos.
       Las muertes narradas por Leila Guerriero en Los suicidas del fin del mundo, son otro documento de lo que el aislamiento, la falta de comunicación y las extensas jornadas de trabajo pueden lograr en una sociedad. La muerte auto producida es una preocupación del Gobierno, en un lugar donde a todo el que se le pregunta conoce a alguien que se mató.


       300 kilómetros es la distancia entre algunos pozos de extracción y las ciudades, por eso los horarios se tornan muchas veces sobrehumanos. Una jornada laboral media es de 12 horas con 12 de descanso, y cada dos días de actividad hay uno de franco (2x1). Resulta intolerable, para una persona que tiene que viajar tres horas de ida y lo mismo de vuelta, trasladarse todos los días hasta los yacimientos, por eso están los trailers.
       “Si te toca trailer es lo mismo que estar en el mar, porque alrededor no hay nada. El viento puede superar los 70 kilómetros por hora y cualquier cosa que pasa volando te mata. Salir sin anteojos no existe porque el polvo te ciega”, dice Darío -el hijo de Mansilla- que hace seis meses trabaja y está contento: ahorró 25 mil pesos y compró un Fiat Gol 2004 de contado, para moverse hasta su puesto.
       Cuando la distancia es muy grande, “los viejos” cambian el plan de 2x1 y optan por sumar: 6x3, 10x5 o 14x7. Al pasar largos periodos lejos de sus familias se crean vacíos en los hogares, y muchas madres deben asumir también el rol de padre, porque “donde el petróleo es la principal fuente de trabajo y la fuerza es un requisito, las mujeres quedan relegadas al hogar. Hay mucha discriminación de género”, señala Graciela Ciselli, historiadora de la Universidad Nacional de la Patagonia.
       Chubut es la “Capital del viento”, Comodoro Rivadavia una ciudad de trabajadores erosionados, y Romero conoce bien lo que pasa cuando el aire sopla fuerte: “Se cortan cables que están tensionados y son como un látigo, pero de acero y grandes proporciones. Un latigazo lo que agarra lo corta: manos, cabezas o hasta cuerpos por la mitad. También pueden caer caños o tambores, pero son las reglas del juego. Estamos a la buena de Dios”.
       Los sueldos elevados son una forma de atraer personal. El haber mínimo que cobra un petrolero de mantenimiento de producción, es de 4.500 pesos, y un encargado de equipo de torre gana 14 mil al mes, más que un Senador Nacional. Los precios de los alimentos pretenden estar a la altura: el kilo de asado en el mes de agosto llegó a costar 40 pesos, y el de tomates 10. Lo único barato es la nafta, que cuesta un peso menos que en el resto del país debido al subsidio por provincia productora.
       Los vehículos en el sur tampoco escapan a la furia viento: dos meses atrás un triple choque entre transportes de petroleros dejó cuatro muertos de saldo y elevó a 69 la cantidad por esta causa en lo que va del año. Naturalmente, estar mal dormido conduciendo por caminos de tierra, sin señalización y con fuertes ráfagas de viento, puede volverse una trampa mortal.
       “Hace 20 años se moría un compañero y había que dejarlo a un costado y seguir. No se podía parar por nada”, recuerda Clavero padre y parece encarnar a un personaje de Petróleo, la novela publicada por Upton Sinclair en 1927. Por estos días, las empresas cambiaron en cuestión de seguridad al encontrar nuevas fuentes de explotación. Por ejemplo, los trabajadores.
       Habría que preguntarle a Jorge Newbery (pionero en la legislación de hidrocarburos argentinos a comienzos del siglo XX) si un petrolero que cementa un pozo se convierte en albañil. Las compañías conocen la respuesta: un afiliado a la UOCRA (Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina), cobra un 30 por ciento menos que si fuese de un sindicato del petróleo. Además, UOCRA cuenta con libreta de desempleo, por lo que pueden despedir cuando desean sin pagar indemnización.
       La principal firma que opera con albañiles del petróleo en el Golfo San Jorge es Pan American Energy, que en los primeros seis meses de este año tuvo una producción de 2 millones y medio de metros cúbicos sólo en Chubut (fuente Instituto Argentino de Petróleo y Gas), lo que alcanzaría para sostener el consumo de nafta y gas-oil que tuvo el país en los últimos dos meses. Pero en la sintaxis de las corporaciones, siempre aparecen más palabras. Como la recuperación asistida, una técnica que consiste en inyectar agua, solventes, dióxido de carbono o vapor desde un extremo del pozo, para empujar al petróleo y el gas hacia otra boca. El resultado se puede leer de dos maneras: una mayor productividad, o secuelas irreversibles en el ambiente y la salud de las personas.
       Enfermedades como migraña crónica, diabetes, problemas cardíacos, cáncer de todo tipo y alergias, salen junto con el petróleo cuando se emplea el método asistido. La falla está en que los productos usados deberían ser neutralizados antes de devolverse a los ríos, así se evitarían los gases venenosos y la contaminación de las napas subterráneas. El polvillo que sobrevuela de manera constante cada rincón es otro peligro, porque para cuando el agua se evapora, la tierra ya es otro elemento tóxico.




       La Resolución número 5/95 de la Legislación Ambiental Petrolera, dice que antes de abandonar un pozo se debe taponar con cemento hasta los 50 metros bajo tierra, asegurar las cañerías con una tapa de acero, y cubrirlo con un dado de hormigón de un metro cúbico. Pero desde el año 2002 se denunció la existencia de más de 3 mil pozos desamparados que no cumplen con las normativas, y por ese mismo motivo una escuela explotó minutos después de ser evacuada.
       ¿Se puede saber qué será lo próximo en explotar? La Universidad Nacional de la Patagonia y la alcaidía policial, conviven con las emanaciones tóxicas que salen de pozos mal tapados. Como en otra parte de la Resolución 5/95 dice que se deben cubrir con terreno natural (y pese a que debería estar señalizado), se puede sentir el olor, pero no saber de dónde sale. La vida transcurre sobre un enorme tablero de Buscaminas sin lógica.
       Pese a las capacitaciones constantes sobre seguridad y prevención en la producción, el esfuerzo físico es inevitable, los factores naturales incontrolables. La extracción del llamado oro negro hace que “los viejos” aparenten más edad y el ANSES y las AFJPs lo reconocen, ya que pueden jubilarse a partir de los 50, quince años antes que en otras profesiones.


      Se pronostica que para dentro de 50 años la energía tendrá que revolucionarse porque no habrá más reservas de hidrocarburos. Se habla de alternativas como biocombustibles, energías solares y eólicas. Pero mientras, miles de personas trabajan de forma antigua para generar la materia prima de la modernidad que nos rodea. Mientras, como escribió Nietzsche, “Lo mismo le pasa al hombre que al árbol: cuando más quiere subir a las alturas y a la luz, más vigorosamente tiende sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro y profundo”.






* Con este trabajo obtuve en 2008 el primer premio del concurso de investigación en la escuela de periodismo TEA. En verdad, ya que era un concurso con seudónimo, el premio sería de Mezozoic. Mi transformación en Mezozoic me llevó a estar tres meses involucrado con el petróleo. Leí desde los primeros escritos sobre el tema publicados en el país hasta índices de producción actuales. Técnicos petroleros me informaron sobre los últimos métodos de extracción. Historiadores patagónicos me ayudaron a comprender el árbol genealógico que creció alimentado por los hidrocarburos. Psicoanalistas me facilitaron perfiles de pacientes. Familias de trabajadores accedieron cordiales a mis insistentes entrevistas. Periodistas locales me hablaron de lo que los medios nacionales no dicen. Y sobre todo Rubén Gómez, un editor y poeta de Comodoro, me facilitó el acceso a todos los antes mencionados. Gracias también a Inés Manzano, la reina de la poesía.
Saber todo lo posible para que el lector sienta que lo que se cuenta en el texto es lo esencial. Tres meses en 11 mil caracteres fueron mi primer acercamiento real a la "teoría del iceberg" de Hemingway.

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