miércoles, 7 de abril de 2010

Más que una lectura, un rito


Durante un tiempo estuve ansioso de llegar a El frasquito por ser uno de esos que van acompañados por un mito. Salió durante la última dictadura argentina y entonces sólo se lo podía conseguir en el mercado negro porque estaba prohibido. El sótano de la Librería Hernández era uno de esos lugares, según me contaron quienes lo vivieron.

¿Qué me pasó?
El frasquito no es un texto íntegro sino varios pedazos continuados, un rejunte. Y aunque unos cuantos de esos fragmentos son interesantes (un chico que explota sexualmente, una secta umbanda, Gardel a través de una mujer en trance), quedé con la sensación de que cuando algo empezaba estaba terminando a la vez.

Esa primera lectura no me gustó ni un poco, pero lo terminé porque era un texto breve.
Hace unos años conocí a Gusmán cuando presentaba Villa, un libro que aborda, muy sublime, los vuelos de la muerte. Villa es un personaje entrañable, que parece que no dice nada hasta que uno termina de conocerlo. Según mis anotaciones de esa charla, Gusmán dijo que a los nueve años habló con el espíritu de Gardel, porque su madre estaba metida en una secta. También dijo que para escribir no necesitaba ningún rito, que podía hacerlo hasta en medio de un tumulto.
Ahora releo El frasquito y lo encuentro distinto. Ya no molesta que esté hecho con fragmentos. Es que claro, ahí está:

*Gardel en el cuerpo de una mujer
*El chico que provoca, que quiere ser violado
*Una desesperada busca cualquier método de ayuda
*Uno que se aprovecha
*Un frasquito y una pócima

Los diálogos que se caen y las imágenes que se derrumban me lo dicen: estoy en un trance umbanda. El texto es un proyector para que el lector viva esa breve sensación. El texto es un frasquito.

Título original (1973) El frasquito
De Luis Gusmán
Por Edhasa
En 2009
En 93 páginas

No hay comentarios:

Publicar un comentario