sábado, 3 de abril de 2010

Leavitt, entre la primera y la tercera persona


¿La tercera persona o la primera? ¿Qué narrador es preferible? Podemos creer que la primera tiene más peso, que es más creíble para el lector encontrarse que las descripciones salen de una voz como la suya, que están lejos de ese semidiós omnipresente que llamamos tercera persona. O no.
David Leavitt (que nació en 1961) lo hizo de las dos formas en Baile en Familia y Arkansas, ambos de cuentos.
Repasemos. Baile en Familia (1984), netamente en tercera, transcurre entre el cáncer, la homosexualidad, el abandono, la elegancia, la muerte y la ansiedad. En nueve cuentos el sube y baja emocional es irrefrenable y se mueve con una cadencia deliciosa.
Pienso en el cáncer como en algo que está demasiado vivo. Pienso que el cuerpo va multiplicándose hasta que ya no puede detenerse. De modo que en lugar de tener dentro un ser ajeno que me está matando, estoy muriéndome de estar demasiado viva, de haber vivido demasiado ¿Verdad que así resulta mejor?, dice uno de los personajes y talvez ahí hay una clave: cuando es en tercera persona, los diálogos deben ser más eficaces, tienen que darle al lector un aporte extra ya que está solo, sin semidiós.
¿Moral, alguien dijo eso después de leer a Leavitt?, imagino que no. Por suerte tampoco hay lugar para la lástima y lo que es crudo ahí está, bien crudo, chorreando sangre, para que nadie vaya a confundir las intenciones.
En Arkansas (1997) la extensión de los relatos es mayor (tres historias componen el libro), y la primera persona es la que rige. Si tenemos en cuenta que Leavitt se dedica a dar clases en una universidad, la apuesta es grande en el primero de los cuentos, donde el protagonista (él, autor con cierta fama potenciada por un escándalo legal), escribe los trabajos a unos estudiantes a cambio de sexo.
Las bodas de madera es otro de los cuentos (¿Y cuándo son las bodas de madera? -pregunta Don Pepe; a los cinco años, Don), y en este el narrador es una mujer en crisis, en Italia, con un amigo gay al que se le suicidó la pareja, en crisis, con una amiga que sostiene un matrimonio ilusorio, que, por supuesto, está en crisis. El ataque de estos tres juntos se potencia y Leavitt lo escribe histérica como una mujer (no con efecto femenino), es mujer, y si quisiera podría gritar del fastidio de menstruar y no poder meterse al mar porque olvidó los tampones.
De las sensaciones que me sacudió La calle Saturn, el relato que completa la tríada, podría escribir un post completo, pero voy a limitarme a un resumen incompleto de la trama: Un escritor que ocasionalmente reparte comida a enfermos de sida, se enamora de uno de ellos.
Vuelvo al comienzo: ¿La primera o la tercera persona? ¿Qué es preferible? Me quedo con el ingenio, y disfruto si lo veo explorar y mantener cierta tensión.
El chico frente al monitor evadía sus propias preguntas, no aceptaba mentirse a sí mismo con una salida rápida.
Correte Tercera de cuarta, no me dejás terminar. Sin duda elijo la Primera, auténtica y privilegiada.
Las letras aparecían cada vez más lento en la pantalla, señal de que el chico no estaba seguro de sus respuestas y sólo quería provocar una vez más a su mente.
Y creo que lo logré.

Baile en familia
Título original (1983, 1984) Family Dancing
De David Leavitt
Por Anagrama
En 2003
En 254 páginas

Arkansas
Título del original (1997) Arkansas
De David Leavitt
Por Anagrama
En
En 224 páginas

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