domingo, 25 de abril de 2010

La humillación, la cima y el abismo


En una habitación a oscuras y en silencio, la decadencia puede llenar cada espacio con un lúgubre aire de culpa y derrumbe. O, desde otra óptica, puede ser un lugar ideal para la meditación y la armonía. Se trata de puntos de vista. En La humillación, de Philip Roth, la habitación de a momentos se ilumina, pero parece ser sólo un recurso para potenciar la oscuridad.
Simon Axler fue un actor famoso, es rico y podría ser muchas cosas, aunque ahora es una sola: un hombre triste. Perseguido por la sensación de que no podrá volver a actuar, y la certeza de que tiene 65 años, decide seguir el consejo de su represente e internarse en un psiquiátrico. Allí donde quitarse la vida es la fantasía de muchos, es casi un anónimo pero tiene su público.

El suicidio es el papel que escribes para ti mismo -les dijo-. Lo habitas y representas. Todo está cuidadosamente puesto en escena... dónde te encontrarán y de qué manera.

Cuando sale de la clínica, aparece en su vida una mujer 25 años menor que él e hija de unos amigos colegas. Simon tiene recuerdos de cuando a Pegeen le cambiaban los pañales, imágenes que se funden cuando la ve maniobrando con juguetes eróticos como una dama alfa. Para sumar, Pegeen era lesbiana hasta conocerlo.
Así la situación parece mejorar. La sangre fluye. Vuelven las ganas de tener sexo. Esta intrincada relación amorosa (¿amorosa?) tiene lugar para tres, o tal vez no.

La humillación puede despertar esta pregunta: ¿Ser feliz es peligroso? Una conclusión sería que estar en lo bajo no tiene matices y puede dar la estabilidad que muchos desean para la vejez. Pero ser feliz implica riesgos. La cima crea el abismo, y esto Simon Axler lo puede asegurar.
En las películas la gente va por ahí matando sin cesar, pero el motivo de que hagan esas películas es que para el 99,9 por ciento del público es imposible hacerlo.
La humillación
Título original (2009) The Humbling
De Philip Roth
Por Mondadori
En 2010
En 160 páginas

2 comentarios:

  1. continúo desasnándome... sobre libros digo.

    cata.

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  2. Vaya palabra, siga nomás!

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