domingo, 4 de abril de 2010

CON LA PLUMA Y EL HACHA


Quizá si me preguntaran qué considero una buena lectura, podría referirme a la emoción, al momento agradable al recorrerla, a determinado orden sintáctico. Desde luego, si la duda fuese qué considero una lectura excelente, señalaría a aquellas obras que me sacuden, que no siempre causan placer al instante pero retuercen algo en el cuerpo, que me movilizan estética y espiritualmente.

Ahora sí, antes de seguir, quiero aclarar que todo el párrafo anterior fue para no sonar imprudente si digo que El retrato de Dorian Gray me pareció excelente. Cuando hace 120 años se publicó en formato revista por la Lippincott´s Magazine, los críticos encontraron una razón más para tildar a Wilde de inmoral. Aunque algo lo deprimieron al comienzo, los comentarios fueron como un alimento para el autor, que se dedicó a contestar con su fina ironía a través de cartas a los diarios.


Cuando el público dice que una obra es inteligible, quiere decir que el artista ha dicho o hecho una cosa bella que es nueva; cuando dice que una obra es inmoral, quiere decir que el artista ha dicho o ha hecho una cosa bella que es verdadera.

El protagonista es un joven con belleza, clase y dinero. Y va por la vida siendo eso, un bello ejemplar, una obra en sí, hasta que conoce a Basil Hallward, un pintor que retrata su torso tamaño real.
Cuando Dorian mira su representación se estremece: es tal la perfección, que cree verse ante un espejo y siente envidia, ya que la pintura seguirá firme con los años, a diferencia de su cuerpo que envejecerá irremediablemente. Entonces el joven hace una suplica:


¡Si fuera yo el que permaneciese siempre joven, y el retrato el que envejeciese! ¡No sé... no sé lo que daría por esto! ¡Sí, daría el mundo entero! ¡Daría hasta mi alma!

Por otro lado está Lord Henry, un bon vivant que enseñará a Dorian la doctrina del placer, el arte de pasarla bien sin preocuparse por otra cosa.
Por lo general, suelo subrayar mientras leo las partes que pretendo recordar, pero cuando hablaba Lord Henry fue difícil seleccionar: todos sus diálogos son dignos de remarcar, es un perfecto adoctrinado hedonista, un orador de primera; aunque algunas de sus teorías resulten crueles o retorcidas:


Vivimos en una sociedad que lee demasiado para ser sabia y piensa demasiado para ser hermosa.

El Retrato de Dorian Gray parece haberse escrito alternando la pluma con el hacha, ya que en sus párrafos no dejan de rodar las cabezas burguesas y conservadoras de la época. 

El retrato de Dorian Gray
Título original (1890) The Picture of Dorian Gray
De Oscar Wilde
Por Akal
En 1998
En 267 páginas

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